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ARTE TERAPIA: una ventana al mundo interior de niñas y niños

Actualizado: hace 7 días

Frente a uno de los participantes del taller había una mesa con cajas de cartón, papeles de colores, pegamento y algodones. La propuesta de la terapeuta era crear un títere, pero éste dice que no quiere, y comienza a hacer una nave. Escoge con cuidado sus materiales, construye su nave y, luego, poco a poco, la transforma en una cara. Se la muestra tímidamente a la terapeuta, pero otro participante lo nota y comenta: “¡Qué lindo!”. Entonces destruye su creación: su personaje era privado, íntimo.


Entre enero y diciembre de 2022 ,mediante la expresión artística hemos trabajado en la resignificación de experiencias y sensaciones dolorosas de un grupo de niñas y niños de la Residencia San Arnoldo de Puerto Varas. Ante este recorrido fuimos, poco a poco observando avances en sus relatos, y hoy para la Corporación por la niñez la técnica del Arteterapia se ha convertido en una alternativa y vehículo válido para trabajar con algunos de los niños y niñas de la Residencia.


“El Arte Terapia es una manera de ayudar a los niños a expresar sus emociones a través de los trabajos artísticos. Es una especie de viaje exploratorio por el inconsciente. Se hace desde la corporalidad, desde la percepción háptica (del tacto) con los materiales, no desde la mente o el sistema cognitivo”, explica la terapeuta.


La terapeuta afirma que esta forma de terapia, finalmente, puede aumentar la capacidad de resiliencia de las niñas y niños: “Cuando logran narrar algo desde su máxima creatividad son capaces de exteriorizar su diálogo interno. Consiguen simbolizar lo que les está pasando por dentro, logran plasmar su vivencia interior. A veces le ponen palabras y otras solo son capaces de simbolizar a través de imágenes. Esto crea un orden en su yo interno: cuando un niño es capaz de verbalizar lo que le está sucediendo, cuando al final del día puede decir que tiene miedo, se convierte en algo que puede abordar”.


Sin embargo, la terapeuta advierte que este proceso es un camino paso a paso, ya que en un inicio no todos los participantes están dispuestos a jugar cuando se les propone: “La negación al juego fue una de las cosas que tuvimos que trabajar. Arteterapia siempre es un espacio vincular: para jugar necesitas confianza y cuando tu espacio de confianza se ha reducido tanto, se hace difícil. Así sucedió con Tamara en las primeras sesiones”.


UN ESPACIO DE LIBERTAD


Cada sesión en la Residencia San Arnoldo comenzaba con un saludo compuesto de mímicas y rimas. Luego, la terapeuta disponía los materiales, que –dependiendo el día– podían incluir desde pequeños retazos de tela hasta grandes estructuras de madera. Las niñas y niños, entonces, preparaban su propuesta artística dentro de un encuadre seguro que les permitía realizar un juego libre.

“Los materiales tienen una flexibilidad infinita, muchas posibilidades de uso, y los niños a través de ellos pueden expresarse con facilidad. No hay lugar para las comparaciones ni evaluaciones, el foco está en el proceso de trabajo. Se les da un espacio de libertad acotado para que se sientan y sean creadores, es un ‘chipe libre’ para que puedan expresarse. Así, sienten que la capacidad que tienen para manejar los materiales es la misma que tienen para manejar el mundo”, describe la terapeuta. Y complementa: “Cuando hay frustración en el proceso creativo también hay una posibilidad de salir de ese momento. La arte terapeuta cuida y acompaña a que los niños experimenten vivencias satisfactorias construidas por ellos mismos”.


Y cuando todos consiguen un trabajo que les da satisfacción, se sientan en círculo y se les invita a contar una historia sobre su creación.


CREATIVIDAD EN TRES CICLOS


El taller de Arte Terapia en la Residencia San Arnoldo se estructuró en tres ciclos de sesiones:


1. Mi cuerpo: yo manipulo, contengo, señalo.

En esta etapa inicial se aborda la expresión emocional a partir de experiencias sensoriales, utilizando materiales como masas de colores, papel, cartón, plumones, fideos u otros objetos pequeños. A los participantes se les propone observar, rediseñar, dibujar y explorar los materiales


El uso de una caja de cartón tenía como objetivo trabajar la contención. Uno de los participantes creó dentro de la caja un “doble volcán”, del que salía lava y agua y lo describe “en erupción constante”.












2. Mi interioridad: yo transformo y doy vida.

En este segundo ciclo se promueve la simbolización y la creación de nuevas narraciones. Se proponen juegos de personajes, como fabricar títeres o inventar historias. Entre los materiales utilizados hay bolsas de papel, cajas de leche, plasticina, varillas, lana, papeles, pegamento y retazos de tela.

Soledad reconoce que las niñas y niños suelen participar más activamente en esta etapa que en el primer ciclo: “Las palabras que invitan al trabajo artístico son mejor escuchadas desde un juego de títeres con lenguaje metafórico ya que, en esta situación, bajan las defensas y no se sienten interpelados directamente”.


Su nave la transformó en personaje y, al ser vista por otro, la destruyó. El espacio de confianza aún era muy reducido, no quería que otros vieran sus rasgos personales en su creación. Solo sentía comodidad con obras “impersonales”, donde era más difícil reconocerle.










3. Mi mundo: yo habito como me imagino

En esta última etapa se invita a las niñas y niños a intervenir el espacio, a habitarlo a gran escala. Junto con la instalación artística aparecen los juegos de roles y juegos artísticos colectivos para construir confianza en otros. Los participantes hacen grandes dibujos, construyen casas, escondites y refugios.


Con una con cartón, papel y muebles de madera construyen un lugar para susurrar y estar sin que nadie les vea.

El juego de esconderse tiene sentido cuando alguien está afuera buscándote o esperándote, es muy simbólico en los primeros juegos que tiene un niño con su figura de cuidado. El que hayan creado este espacio nos indica cómo fue aumentando su espacio interior de confianza y de vinculación.



Al evaluar su rol en este viaje que emprendieron las niñas y niños de la Residencia San Arnoldo, la terapeuta concluye que es vital que se les estimule y valide la relación que el niño tiene con su obra, que es donde deposita y materializa su mundo interior. La relación con uno mismo.

El espacio de Arte Terapia permitió ir desde la negación al juego en la primera sesión, a ser la que directores de su propio juego artístico en la última. Sus obras reflejan la manera de vincularse con el mundo, y le permitieron expresar su vulnerabilidad y necesidad de contención.

Estamos muy agradecidos del camino que nos mostró la terapeuta, en un primer semestre realizando sus sesiones como voluntaria y el segundo semestre como un nuevo Programa de nuestra Corporación.


¡Muchas gracias !

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